LA APUESTA

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LA APUESTA

Mensaje por dolly_666 el Mar Nov 18, 2008 1:51 pm

Bien, este es un fic que tenía stand by desde hace mucho, pero ya que Dai me presionó (y porque quiero que ella se inspire *w*) aquí está.

Tengo millones de cosas en carpeta, asi que... de veras, LOS COMENTARIOS SE AGRADECERÍAN! (trabajo bajo presión).

Por cierto, no tengo idea de si Hyde es mayor que Sakura... pero para efectos del fic, lo puse así.

Sin nada más que decir, enjoy it!!!









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LA APUESTA


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--------Prólogo--------





Cuando lo conocí, no creía más que en sexo, drogas y rock.

Mi vida se traducía a eso. Con mis veinticinco años a cuestas, estaba desilusionado de la vida en general. Me limitaba a pasarla bien como fuera. Los excesos nunca me destruían. No se acababan.

Entonces… un día lo vi. Y lo amé. Y lo odié…

No puedo decir que fue amor a primera vista, esos frecuentes en las novelas que tanto lee mi madre. Fue más bien… un deseo instantáneo. Ese deseo que te produce un lindo rostro y un cuerpo atractivo. “Esta noche, me acuesto con ella”, pensé al verlo, en el instante en que salió al escenario con ropas bastante holgadas y el cabello suelto. Algo maquillado, se veía bien. Bastante bien.

Digo ella porque obviamente, yo pensé que Hyde era una mujer.

Aquí ustedes se ríen y piensan: “¿este tipo es tonto o qué?”. Humildemente, me absuelvo de todos los cargos. Es imposible no pensar que el rostro tan lindo de Hyde es de mujer. Y su cuerpo… en ese entonces él era bastante más delgado, y con tanta ropa tallas más grande parecía toda una niña de quince.

La verdad es que Hyde era meses mayor que yo. Sin embargo, no lo supe hasta mucho después. Ni siquiera se me ocurrió cuestionar qué hacía tan linda chica en el escenario, cuando en casi todas las bandas predominaban las voces masculinas.

Los hombres somos bastante estúpidos cuando nos encaprichamos de algo o alguien.

Aquella tarde yo había llegado a Osaka, había hablado con Ogawa por teléfono y él me invitó a que fuera a ver tocar a la banda. “Para que conozcas nuestro estilo”, dijo, siempre tan serio pero agradable. Él aseguraba que Larc era una banda de un estilo rock visual, y que me acoplaría perfectamente a ella.

En algún momento mencionó a los otros miembros. “Aparte de mí están Hyde y Ken. Estoy seguro que te llevaras bien con ellos”. Apenas tomé importancia a los nombres. Mientras los demás no se metieran conmigo, bien, no hay problemas.

Aquella noche, se me olvidó todo lo antes hablado. Sólo tuve ojos para la niña hermosa que revisaba el sonido de su micrófono, mientras los otros instalaban los instrumentos.

El ambiente en el local comenzaba a calentarse. Los fans gritaban sus nombres, y ellos respondían a sus saludos. Larc se iba haciendo una banda cada vez más famosa, y por eso yo había accedido a reemplazar al baterista anterior, y viajar de tan lejos.

Me quedé los cinco minutos anteriores al comienzo del concierto, mirando embobado la figura delgada de Hyde. “Definitivamente, me la llevo a la cama”… Pensé mientras bebía mi tequila con inusual sed. Y me pregunté cómo sería saborear los labios de ella.

Cuando los arreglos terminaron, los músicos se hicieron una seña. Entonces, las luces se apagaron y como si lo presintiese, el público dejó de hablar. El bar parecía temblar de emoción.

Fue aquí que Hyde se acercó al micrófono, se aclaró la garganta y habló.

Y debo hacer hincapié en esta parte, porque un simple saludo marcó un antes y un después en mi vida. Porque no fue tanto la visión de Hyde lo que me impactó en aquel entonces, y lo que me seguiría impactando siempre... Fue más bien esa voz. Su voz.

Demasiado masculina. Demasiado baja…

Imposible en una mujer.

Yo me atoré con el tequila, pero nadie me prestaba atención. Hyde había ejercido un efecto hipnótico en el público, una habilidad que no se le iría con el paso de los años.

Y me había asestado una puñalada certera en el pecho y un poco más abajo… si saben a lo que me refiero.

Con una sonrisa demasiado sensual y diabólica, le prometió al público que esa sería una noche excepcional. Efectivamente, fue una de las noches más inolvidables de mi vida.

Pero en ese momento, yo me sentí horrible. Helado. Y aunque no se me notara, con mucho miedo.

Lo supe en los primeros cuatro minutos y cincuenta segundos que duró la primera canción que interpretaron. Lo reafirmé en la casi hora que duró el concierto. Y lo sigo sabiendo ahora, en los treinta y cinco años de mi vida.

Me había encaprichado con Hyde. Y difícil como soy, es capricho no se me pasaría tan rápido.

El problema estaba, queridos lectores, en que Hyde era un hombre. Y por muy atractivo y talentoso que fuera (y quiero decir, Hyde es talentoso en todo sentido), yo no estaba dispuesto a convertirme en homosexual. No me podía gustar un hombre. Eso era algo que no cabía en mi mundo.

Que equivocado estaba…

Cuando uno se encuentra en un estado de temor tan grande como el mío, suele cometer bastantes estupideces. Muchas. Y lo que pretendo relatar en este escrito son justamente, las idioteces que hice para no enamorarme de Hyde.

Todo me salió muy mal, claro está.

Lectores, no crean que aquí van a encontrar una historia de amor clásica y muy sufrida. Esas no me gustan. A Hyde le agradan, pero él es un poco más sangriento y preferiría una tragedia griega de mayores dimensiones. Y poco apta para todo público, por el alto contenido de violencia.

Hyde no es mi damisela en apuros ni yo su príncipe virtuoso. Somos un par de tipos que nos gusta el rock, que nos odiamos al principio y terminamos juntos. Punto.

Aquí encontraran un poco de la historia de mi vida, que quizás no tiene mucho de extraordinario, pero que quiero contar porque me da la gana.

Ahora es cuando yo hago las advertencias pertinentes. No quiero demandas. En advertencia no hay engaño.

Moralistas: cierren este escrito y busquen algo más acorde con sus castos ojos.

Demás lectores… bienvenidos sean. Dejen de leer esta seudo introducción. Los invito a pasar al primer capítulo.









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Re: LA APUESTA

Mensaje por Nicki el Mar Nov 18, 2008 2:57 pm

nacieron el mismo año pero Hyde es mayor por meses :B

mori *-* y como (en la mayoria de tus fic) sopy del grupo de demás lectores seguiré.
Sabes lo mucho que me agrada como escribes, ya te lo he dicho miles de veces XD

Me gusta la idea, suena interesante :B
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Re: LA APUESTA

Mensaje por daiheavenly el Miér Nov 19, 2008 2:16 am

bueno te postee en tu flog y vine aca y lo volvi a leer XDDDDDD

y postearte de nuevo es mero capricho como el de saku XDD porque ya dije todo alla pero por si se me paso decir algo u.ú XDDD pero creo que no mmm

bueno sigue escribiendo por favor *-*

saludos!

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Y entonces perdí mis alas...
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Re: LA APUESTA

Mensaje por sakuraxhyde el Miér Nov 19, 2008 2:24 am

O//////////O... 8Q____________ babassss ... necesito leer más o MORIRÉ!!!!!!!

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y sí, al parecer según lo que se sabe, Hyde es mayor que Sakura por meses 8Q___ sexy...
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Re: LA APUESTA

Mensaje por lishita el Lun Nov 24, 2008 11:56 pm

waaa esta muy buena la intro jejejje
see io = sabia k hyde era mayor por algunos meses
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Re: LA APUESTA

Mensaje por dolly_666 el Mar Nov 25, 2008 1:54 pm

Capítulo 1

(Parte 1)





Jamás imaginé que mi primera noche con Hyde la pasaría en una húmeda y muy-inmunda celda de prisión estatal.

Nunca. Ni en mis más retorcidos sueños que créanme… pueden llegar a ser muy retorcidos.

Pero ahí estábamos los dos, encerrados por desmanes en vía pública y otros cargos que no entendimos muy bien. En resumidas cuentas, nos habíamos agarrado a golpes en plena calle. Y ahora que hago memoria, no recuerdo ni siquiera porqué comenzó el pleito. Lo más seguro es que Hyde se cansó de aguantarme y pasó al plan B: defenderse como todo un hombre. Ay que ver que aguante tiene Hyde, si yo estuviera en su lugar, de seguro me habría partido la cara al segundo día de conocernos.

Queridos lectores, recordarán que antes yo había mencionado mi amor a primera vista por Haido, ¿verdad?. Recordarán, también, que ese deseo repentinamente gay me produjo repulsión y bruto como soy, descargué toda mi furia de macho recio contra él, que no tenía culpa ni menor sospecha de los estragos que provocaba en mi anatomía.

Porque, para ser sinceros, Hyde es un atentado a la heterosexualidad de cualquier hombre.

Y al final, las cosas se dieron así: desde el primer momento me comporté como un cretino, desde que Ogawa tuvo el infortunio de presentarnos y yo casi dejé a Haido con la mano estirada en el aire.

Mi lindo akuma, apretó los labios y su sonrisa se desvaneció en el acto. De cerca se veía más hermoso, pero maestro en fingir como soy yo, disfracé la atracción que me producía en genuina indiferencia. Hasta que él me dijo tan campante, con tono de dama ultrajada: “Pensé que tu aspecto era de bárbaro. Pero es claro que tus modales también lo son”.

Ken se largó a reír y Ogawa se removió incómodo. Yo no supe si sonreír, golpear o besar al condenado. Es que así es Hyde, con todo y su rostro de niña y su cuerpito tan delgado, tiene una habilidad innata para defenderse de los cretinos como yo. Y si primero me gustó por su rostro y su cuerpo, cuando me di cuenta de su carácter… Jesucristo, juro que lo violaba y le pedía matrimonio ahí mismo. Y en ese mismo orden.

Al final lo miré con odio, y desde entonces nos llevamos francamente mal. Muy mal.

Tengo que darme crédito, porque Hyde es un tipo bastante alegre y agradable, y se lleva bien con todos. Pero al pobre, lo he molestado tanto que me sorprende que no me haya ahorcado ya en un descanso. De hecho, también me sorprende que recién hasta entonces (cuando cumplía tres meses con la banda) haya explotado y de pronto…que me pega un derechazo esa noche.

Situación que nos dejó así: encerrados hasta nuevo aviso. Y ya sin ánimos de apelar, Hyde y yo nos pusimos en lados opuestos de la celda, casi sin mirarnos porque seguro… ambos seguíamos muy calientes por la pelea. Y al primer movimiento en falso nos íbamos a las manos de nuevo.

Sin nada más que hacer, me puse a mandarle miradas de soslayo. Hyde pega bien fuerte, no lo puedo negar, pero entonces, una parte de mí también tuvo que reconocerlo: nunca había tenido una pelea que disfrutara tanto como esa.

Porque verán… Aferrar y manosear ese cuerpo lindo, aunque sea a base de golpes, también tiene su encanto sádico. Los hombres poseemos por natura una forma bien rara de demostrar nuestros sentimientos. Así como cuando te partes a golpes con tu mejor amigo y genial, hermano del alma… así mismo pasa también cuando te enamoras de otro hombre. Mientras más duro le das, más lo deseas.

Hyde estaba fumando. Era su quinto cigarrillo en lo que iba de encierro. Pasaron los minutos, y cuando estuve a punto de pedirle una calada en todo el son de paz que puedo reunir (porque hombre, me matan los nervios y una fumada no se le niega a nadie)…. Estoy a punto de hablarle cuando… típico, se sienten las pisadas de otro ser humano fuera de esta celda.

Y un policía que de seguro me llega hasta la cintura nos sonríe tras los barrotes.

- Tienen visita, hijos- nos dijo pedante, en su posición de uniformado y libre.

Se fue, y al minuto siguiente vimos la alta y delgada silueta de nuestro guitarrista y compañero de juerga: Ken Kitamura. Quien nos observaba ceñudo, pero de todas formas con la sonrisa a flor de piel. Seguro que le decíamos una chorrada y se pone a reír… Este tipo no conocía ni la tristeza ni el enojo. Bien por ti, Ken, amigo.

- Ahora sí que la hicieron buena… – Ken nos dijo a manera de saludo, con las manos en los bolsillos.

Estaba algo más sobrio que en el bar donde nos emborrachábamos, antes de que Hyde y yo nos fuéramos a los golpes. De seguro su lucidez se debía a punta de cafeína.

- Agradézcanme que no llame a Tetsu. Él sí les daría tal sermón que no les queda ganas de pelear en su vida… Y lo digo por experiencia propia.

Ken hizo un gesto como si estuviera recordando malas cosas, y aunque nos estaba dando un discurso (bien merecido), tuve ganas de besarlo bien como amigo. Porque, Kitamura, se te agradece el buen humor aunque tengas que joderte la noche con nosotros en una comisaría. Tú si que eres de los amigos en las buenas y en las malas.

Bueno… más o menos.

- Ken, por favor, los sermones déjalos para otra ocasión- Hyde habló y aplastó el cigarro en el piso. Se le notaba cansado tanto por los troncazos que yo le di, como por la situación en general.- Paga la fianza y sácame de aquí, ¿quieres?. Ya no soporto un minuto más de compartir el aire con este idiota.

Ouch!... Ken y yo miramos a Hyde asombrados. El niño lindo y simpático no es de los que se muestren tan enojados porque sí, y siendo sincero, me sentí bien ultrajado. Podré haber sido muy idiota, pero desde que estábamos encerrados no le había hecho absolutamente nada. ¡Nada!. Ni siquiera le había hablado o buscado pelea.

U otras cosas peores…

- No es que a mi también me agrade pasar la noche contigo, Heidi.- respondí yo, casi por reflejo- A mi me van las mujeres. Tú ya quisieras…

- ¡Cállate, imbécil!. Estoy a punto de hacerte tragar tus idioteces…

- ¿Si?... ¿con esos brazos tan delgaduchos?. Ja! No me hagas reír…

- No pensabas lo mismo cuando te tenía en el piso y…

- ¡Ya basta, niños!- Ken nos puso un estatequieto y ahora sí, se veía algo más cabreado.- Tengo una resaca del tamaño de la torre de Tokio, y no quiero estar escuchando sus peleas. Tampoco es que me agrade estar aquí haciendo de padre postizo, ¿saben?.

Hyde y yo intercambiamos una mirada furibunda. Estábamos ahí de nuevo, a punto de saltar el uno contra el otro y comenzar el round dos, pero bueno… que no hay que ser tonto en estas situaciones. Y Ken salvador-todopoderoso era el único en calidad de sacarnos. No debíamos hacerlo enojar.

- Así, calladitos se ven mejor- Ken suspiró y frunció el entrecejo.- Miren, los policías subieron la fianza. Y yo no estoy con mucho dinero encima, ¿entienden?.

-Te lo pago todo con intereses cuando nos saquen- dije yo, negociador y tratando de no sonar tan desesperado. Casi me daba claustrofobia debido a la carga sexual de estar encerrado con el objeto de mis malos deseos.- Te lo juro, Ken. Pero ya sácanos.

- Lo siento. No lo van a tener tan fácil. De seguro mañana los sueltan así que se la aguantan. Me voy a dormir.

- ¿Qué?- al unísono, Hyde y yo lo miramos con la boca abierta, y Kitamura tuvo el descaro de sonreír con malicia.

“Te castro, hijo de tu santa madre” pensé yo, sin creérmelo del todo. De Ken… el amigo de tantas juergas, el que tantas migas había hecho… de él no podía creerme semejante traición.

Hyde debía pensar lo mismo, porque estaba igual de incrédulo.

- Lo siento, pero se lo merecen por buscapleitos- Ken sonreía bien alegremente, y yo nunca había tenido tantos deseos de borrar una sonrisa a golpes.- Tetsu sí que ha aguantado sus pleitos… pero a ver si esto sirve para que se logren llevar mejor. Una buena noche encerrados y de seguro que se entienden de maravillas.

- ¡Kitamura, espera!- Hyde se levantó en el acto, cuando Ken hizo un amago de retirarse.- ¡Cretino, no puedes hacerme esto!. ¡Las veces que yo tuve que ir por ti, cada vez que te metías en problemas!.

- Eso se llama ser buen amigo, enano. Pero está claro que yo no lo soy, así que me marcho a dormir.

- ¡No te atrevas a dejarme aquí, Kitamura, que cuando no te lo esperes te agarro de los cojones y…!

- Cuidado, enano, no seas malhablado- Ken se rió y se alejó un tanto. Buena decisión. Hyde parecía un buldog rabioso y a punto de morder.- Prepárate, Sakura, mira que cuando Hyde se enoja lanza una serie de malas palabras que está como para hacer un diccionario.

El comentario me hubiera resultado gracioso en otra situación, si no estuviera tan o más furioso que el mismo Hyde.

- Te largas y te las vas a ver conmigo, Kitamura- le amenacé yo, con la voz de gangster que reservaba para mis más acérrimos enemigos.- No te atrevas a irte sin mí, maldito.

- Bueno, lo siento, a ver si para la próxima no se pelean y me dejan a mí pagando la cuenta- Ken dijo, ahora con algo de resentimiento en la voz.

Rebuscó en su chaqueta y sacó una cajetilla de cigarros que aparecían siempre así, como por arte de magia. Nunca se le acababan.

- Y para que vean que no soy tan malo, aquí les dejo un consuelo. Que el encierro con tabaco es menos malo.

Lanzó la cajetilla por los barrotes hasta nuestra celda, donde Hyde la recogió en el instante y se lanzó en respuesta, con tal mala suerte, que la cajetilla rebotó contra los barrotes y calló de nuevo a sus pies. Y por supuesto, Ken ya se había ido.

- ¡Métete tu tabaco por donde no te quepa, Kitamura!. ¿Me oíste?. – Hyde le gritó y le gritó amenazas de muy alto calibre y yo ahí, mirando la cajetilla-caída sin creérmelo del todo.

Ken nos había dejado encerrados.

Encerrado con Hyde por toda una noche.

Un Hyde que gritaba y decía todo un rosario contra su amigo, palabrotas que su madre de seguro no aprobaría… pero que con todo y enojo, estaba más hermoso que nunca.

Ya derrotado a mi destino, y cuando Hyde se hubo calmado un poco y se dejó caer hacia el piso (con el ánimo de quien es enterado de su pena de muerte), lo único que me quedó fue tomar uno de los benditos cigarrillos y encenderlo. Y fumar… Mira que con todo lo maldito que podía ser, Kitamura tenía bastante razón: el encierro con tabaco es menos malo.

Entre calada y calda, por supuesto que lancé miles de amenazas contra cierto guitarrista. Amenazas que aunque me llevasen toda la vida, yo habría de cumplir.

Abnegado y con Haido a pasos de mi, sólo me restaba rezar a dios nuestro señor para que me diera fortaleza. Porque hombre… el estar tan cerca de la tentación como estaba yo, es como para quebrar al cristiano más acérrimo.



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CONTINUARÁ
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